Desenfocado, el weblog

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Tiendas y Bulevares

Me suele pasar que , tras leer algo que me gusta mucho, me entran unas ganas locas de sentarme frente a la pantalla del ordenador y dar rienda suelta a cosas que tengo en la cabeza, imbuido por el espíritu de la buena escritura. Lo malo es que, cuando me pongo, me frustro y se me quitan las ganas. Los textos nunca quedan a la altura de lo que me había imaginado, pues normalmente no suelo tener la paciencia que requiere el acto de escribir. O quizás es, probablemente, que no doy para más.

Todo esto viene a santo de que ayer terminé de leer La tienda y la vida, de Isabel Sucunza. Ya había comentado por aquí que estaba en ello, y la cosa no sólo no me ha decepcionado sino que me ha encantado y me ha provocado las ganas que mencionaba en el párrafo anterior.

El libro de Isabel narra en forma de dietario los días que pasó como dependienta en la tienda de su hermano haciendo una sustitución, pero es básicamente una excusa para contarnos lo que lee, por qué lo lee y cómo lo aplica en su vida diaria. Isabel es de esas personas lúcidas, que saben relacionar las cosas y encontrar vínculos entre cosas supuestamente alejadas, y encima contárnoslo con gracia y sin que la cosa quede pedante. O no demasiado.

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Isabel, estilosa y cafetera (foto de Carlota Bird)

Y me ha provocado cierta envidia porque pese a escribir fabulosamente bien y captar muy bien muchísimos aspectos de las relaciones humanas y sociales, no deja de flagelarse en algunos momentos, citando a grandes novelistas, como si lo suyo fuera una cosa menor.  Y todo eso pese a tener las cosas muy claras, una ironía bastante afilada y recibir buenas críticas de gente tan válida como Javier Pérez Andújar. Cosas de la autocrítica rampante, imagino.

En fin, que es un libro la mar de ameno y recomendable que deberíais agenciaros.

Igual de recomendable que la música de Bryant Dope, un MC de Queens que con tan solo 20 años ya se marca cosas como esta:

Sus rimas suenan a old school, a chulería y a buen rollo, y son muy deudoras de clásicos como A Tribe Called Quest, Nas o Run-D.M.C. , y en los dos mixtapes que he escuchado (Queen’s Kids y New New York) tiene grandes temas, buenos samplers y un estilo de rapeo realmente limpio.

Bryant-Dope-PP3

El bueno de Bryant, mirando discos.

Si queréis escuchar más cosas de Bryant Dope, el pipiolo con talento, podéis hacerlo aquí o aquí. De nada.

Seguro que Isabel habría encontrado la manera de mezclar estos dos temas de forma mucho más elegante, pero no todos tenemos El Talento(tm) a la hora de ponernos a escribir en un blog. Aunque algunos lo sepamos reconocer…

Hala, a leer y a escuchar música.

 

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My Kinda Town

Decía Robert Smith que los jueves no le importaban.

Eso es porque, además de aún estar buscando el talento que perdió hace años, no ha disfrutado de tan magno día en presencia de mi gente. Los jueves hace años que molan, al menos para mí. Y molan desde que Amadeu, David y compañía me hicieron redescubrir el Chicago Pizza Pie Factory. Bueno, más concretamente su parte etílico-festiva.

Sólo hace falta mirar aquí para ver la influencia que ha tenido ese local en mi vida ociosa de estos años. Por eso, era de recibo que le dedicara hoy otro post en el tercer aniversario de su desaparición. Sigo pensando lo mismo que escribí aquí en su momento, y hoy sí que me vendría de cojones uno de sus Longies y una buena pizza de masa gruesa.

Showin’ the love…

 

El Chicago habrá desaparecido, pero su espíritu permanece. De ello se encarga nuestra gente y barmans tan fabulosos como los del Velcro.

Os dejo, que me ha entrado algo en el ojo…

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El Narrador de Historias

Si Enric González no existiera, habría que inventarlo.

Ese es el mantra que iba resonando en mi cabeza a medida que iba leyendo su libro Historias de Nueva York, un genial regalo de mi suegra para Sant Jordi (sí, niños y niñas. Hay suegras que molan).

Porque Enric González es un tipo lúcido e inquieto, de una prosa engañosamente sencilla y que transmite y engancha mucho. Ya lo había leído en El País (poco) y en sus artículos y entrevistas para Jot Down (bastante más), así que pillé el libro con ganas. Esta recopilación de historias de la Gran Manzana ™ entrelazadas con sus vivencias personales es brillante, su narración es ágil y cubre bastantes aspectos de la Ciudad (sí, con mayúsculas), desde su creación y sus influencias holandesas hasta sus grandes figuras míticas, pasando por las rivalidades deportivas y por la forma de ser y de comer de los neoyorquinos, todo narrado desde el punto de vista de un periodista entre descreído y fascinado por todo lo que allí vive y experimenta.

Enric

Enric, en plan viajero (fotografía de M. Graizer)

A mí me ha hecho descubrir grandes anécdotas corrientes (otras menos), tanto sobre la ciudad como sobre el periodista,  me ha provocado el gusanillo de querer regresar a NY y, sobre todo, me ha revelado a una persona (no sé si de auténtica o falsamente) humilde y de gustos algo peculiares e interesantes. Pero lo que más me ha gustado ha sido dejarme llevar por esa narrativa que parece no tener rumbo, como aquellas charlas de sobremesa en las que ese colega interesante te va explicando sus historias (igual de interesantes) y no quieres cortarle pese a que a veces divague en exceso o insista en algunos temas. Porque, pese a eso, las historias te encantan y siempre quieres que te cuente alguna más.

El libro me lo terminé en dos sentadas y me dejó un regusto algo amargo, por ese final algo triste. Supongo que ahora me tocará buscar sus historias de Londres y de Roma, porque tengo la sensación de que también me gustarán.

Pero eso tendrá que esperar. Ahora toca cambiar ligeramente de tercio y seguir con la lectura de La tienda y la vida, de la igual de interesante y buena narradora Isabel Sucunza.

Sucunza

El libro de la Sucunza.

A ese libro le tenía ganas desde que fui a la presentación en la que el gran Javier Pérez Andújar ofició de maestro de ceremonias, y de momento la cosa pinta bastante bien. Ya os comentaré cuando me lo acabe.

Hala, circulad, que aquí no hay nada que ver. Al menos hasta el próximo post…

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Encantadísimo

Fotografía; platos y restaurantes apetecibles; críticas razonadas y útiles… Si tomamos esos ingredientes y lo mezclamos todo, obtenemos Encantadísimo: un stream de Flickr con el que me topé por casualidad mientras buscaba información sobre La Panxa del Bisbe.

Y fue un gran descubrimiento, porque uno nunca va sobrado de buenas guías gastronómicas que sean cercanas y hablen tu idioma sin caer en excesivas florituras ni idas de olla.

Unas ostras en tempura del Nakashita. (c) Encantadísimo

El stream está estructurado en álbums con una pequeña descripción del lugar, el grado de satisfacción y todas las fotos, plato a plato, de lo que se degustó en una visita en concreto a cada de uno de los (muchos) locales que están reseñados, que van de lo más casero hasta los de alto copete con Estrellas Michelin.

Cartas, listas de vinos, detalles de los platos, opiniones útiles… todo eso es lo que podréis encontrar en Encantadísimo.

Ahora sólo me falta encontrar el tiempo (y el dinero) para empezar a catar muchos de los sitios que allí aparecen. Quizás vaya empezando por el Nakashita, que le tengo ganas. Ya os contaré.

Hala, bon profit.

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100% Colombian

Empiezas a escribir un texto mientras intentas superar el jet lag de un viaje de casi 24 horas y lo acabas con un ligero encabronamiento por el fútbol. Así es la vida a veces.

Pero vamos, lo que quería transmitir tras volver de unos días en Colombia era lo siguiente: Que la clave para saber si un viaje ha servido para desconectar está al llegar a casa con las maletas aún en la mano. Si al entrar todo te parece en su sitio pero tienes la sensación de que las escalas han cambiado y todo parece diferente, es que has logrado desconectar mucho.

Y esa es exactamente la sensación que tuve el martes al volver a casa: una mezcla de dolor de cabeza, sueño y globazo producto del jet lag y el maldormir en un vuelo de Iberia altamente mejorable. Casi tan mejorable como el juego que despliega el Barça últimamente (y especialmente ayer), pero eso daría para otro post…

La cuestión es que todo eso ha quedado compensado (y de largo) por los grandes días que hemos pasado en Medellín para celebrar la boda de David y María Carlota.

Los geniales y sonrientes novios.

Fuimos bien recibidos, comimos bien, vestimos esmoquin, celebramos la boda por todo lo alto, nos partimos de risa y pasamos grandes momentos. Vamos, que el saldo fue muy positivo, como lo tendría que ser en todas las bodas de gente a la que quieres tanto como a esta pareja catalono-colombiana.

Ahora quedará el partido de vuelta en casa el día 31, pero algunos ya seremos del equipo de colombianos de adopción, ¿verdad?

Si veis a la parejita, felicitadla, que son de lo más majo que hay por el mundo.

 

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