Desenfocado, el weblog

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Maximización

Intentaré no sentir vergüenza al volver a abrir el editor de texto de este humilde fotolog tras 904 días de absoluto silencio y abandono, pese a que este mismo reconocimiento sea una caída en el topicazo más grande del bloguero inconstante (o el cabezón que se niega obstinadamente a no cerrar el chiringuito).

Pero a lo que íbamos. Termina el año. Es hora de hacer resúmenes, listas de propósitos y pillar una pequeña cogorza desde el mediodía. Y quizás haya sido el vermut de más en la Puigmartí lo que me haya puesto blandengue y me haya llevado a sentarme de nuevo ante el teclado para vaciarme un poco, empañarme los ojos y hacer bandera de la amistad, los buenos sentimientos y todo eso que se ha potenciado con mi paternidad.

Porque sí, siempre he sido un blandengue. Cínico, pero blandengue y sentimentaloide. Y la llegada de Max a la familia sólo ha hecho que acentuarlo y aumentar el número de kleenex gastados para secar lagrimones por las causas más peregrinas. Y es que el 18 de julio de este año, la familia Desenfocado creció en número y calidad. Por ese este año sólo puede ser positivo, se mire por donde se mire y a nivel personal, por supuesto.

Y es que viendo esta imagen, ¿cómo no podría considerarse este un gran año?

Seguro que el 2018 traerá una buena ración de cosas buenas y malas, pero ahí estaremos para disfrutar al máximo de las buenas, intentar minimizar las malas y, por encima de todo, aprovechar cada momento con los nuestros, ya sean familia de sangre o de cariño, que buena falta nos hace.

Sed buenos, bebed, disfrutad y quereos. Lo demás vendrá solo. O no. Pero al menos el camino será más agradable.

 

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Total 13

Tanto tiempo con el blog en stand by para ahora convertirlo en una sucesión de posts con dedicatoria y rememoración de aniversarios… Y me temo que tocará seguir con ese patrón, porque hoy Desenfocado.com cumple la friolera de 13 años.

Le había dado vueltas a qué foto poner, si volver a hacer el payaso frente a la cámara como en otras ocasiones u obligar a la Sra. Desenfocado a que me ayudara. Pero el tiempo se me ha vuelto a echar encima, así que me limitaré a ilustrar este aniversario con esta foto:

 

Anclada_Blog

Una foto que podría venir a representar los pilares que levanté hace tanto tiempo y que van aguantando, tocados, pese al paso del tiempo. O el ancla que ha representado el fotolog en mi vida. O cualquier otra figura poética patillera que se os pueda ocurrir para decir que Desenfocado va envejeciendo pero que también aguanta al pie del cañón.

Y nada mejor para celebrarlo que poner a todo volumen (o el que aguanten mis castigados oídos) el Total 13 de los Backyard Babies. Ah… qué recuerdos… Pincháoslo a mi salud y tal.

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Lucky Seven

Lo que tiene el disfrutar es que el tiempo pasa volando. No te das ni cuenta y ya han pasado siete años desde aquella noche. Y desde aquella mañana. Y desde aquellos desayunos con besos y cerezas. Y desde este post.

Y sé que corro el riesgo de volver a sonar ñoño y divinitero, pero me importa poco, porque sé que estoy compartiendo mi vida con una de las personas más fabulosas, cariñosas, detallistas y fuertes que conozco. Porque Anna, la Sra. Desenfocado es alguien a quien querer y admirar a partes iguales.

Y es que, ¿quién podría resistirse a una sonrisa como esta?

SraDesenfocado

Así que esta noche brindaré por estos siete años de sonrisas (muchas), lágrimas (pocas) y mucho equipo, y por algo tan trillado como lo de “lo mejor está por llegar”. Porque seguro que así será.

Va per tu, amore.

Y ahora, circulad, que no hay nada que ver.

 

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Puto Bruce Davidson

Y lo digo desde el cariño.

Pero no es normal llegar a una expo sabiendo que vas a ver una recopilación de obras de uno de los fotógrafos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y no encontrar ni una grieta, ni una cosa descolocada. Ni una foto de más. Ni una “por poner”. Ni un “por rellenar”. Todas las fotos que están esta expo/restrospectiva tienen su motivo de ser. Todas son un win. Un “mira, dediqué meses a estar con esta gente y me mimiticé tanto que saqué estas fotos que tú no podrías haber sacado ni pagándoles pasta. Ni sacando tu megacamarón y tu equipo de CanoNikonista de pro”. Dios… veo los lloros de stritfotograferos al ver la Obra de un tipo que ni siquiera creía en instantes decisivos ni hostias sino en mostrar mundos desconocidos que se desvelan cuando te preocupas de la gente e indagas, y te olvidas de que eres fotógrafo y solo quieres plasmar lo que estás viviendo, y no intentas reproducir falsos momentos decisivos y aburrimiento vital callejero. Que no, que no es calle sino ABURRIMIENTO.

Y estás una hora viendo de lo que ha sido y es capaz este tipo, que no es fotógrafo sino curioso patológico, alguien con el don de un ojo láser y una forma de componer entre quirúrgica y cinematográfica (como si muchas veces no fueran lo mismo), donde cada puta foto–y me vais a disculpar el barriobajerismo, pero es que…– tiene una historia, evidente o soterrada, pero que está ahí, esperando que tu la rellenes o que te quedes pensando qué está pasando. Y lograr esto no es fácil. No está al alcance de cualquiera.

Te quedas mirando y ves que no están hechas por hacer. No hay un mero intento visual o gráfico, no hay un querer mostrar algo bien hecho, ni tampoco hay un sucismo que quiera demostrar un “yo estuve allí, y da igual cómo lo registrara”. Cada foto cuenta algo. Y cuando se ven en conjunto, el resultado es sencillamente abrumador. Empequeñecedor. De “me saco la chorra. No te sientas demasiado mal, peeeero…”.

Y por eso mi primer instinto fue agarrar la cámara, salir a fotografiar cualquier tema durante meses, profundizar en cualquier tema hasta sacarle su jugo primordial, hasta que tras la primera cerveza del aperitivo recordé que tengo un trabajo tirando a oficinista y que la cobardía, la edad y mil excusas hacen que mi fotografía se quede en una especie de archivismo de detalles tirando a mínimos que ni siquiera tendrán gracia para unos supuestos descendientes, que, con su desidia, comenten lo peculiar que era el “abuelo” Guillermo y sus bobadas.

Y sí, esto es producto de una sobremesa [eufemismo alert] ligeramente cargada de alcohol, esa falsa clarividencia que hace que te sientes delante del teclado y que solo hace que te pongas en ridículo intentando defender algo que en tu cabeza tiene todo el sentido del mundo y que, una vez releído todo esto, no deja de ser entre un texto groupie y una pataleta antiborreguismo que queda (espero) entre tierna y obviable.

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Resumiendo. Si tenéis tiempo y ganas, acercaos a la Fundación Mapfre en Barcelona, que es un entorno tan decadentemente burguesbarcelonés que es delicioso, y disfrutad de una retrospectiva de uno de los mejores fotógrafos que ha dejado el siglo XX. Y eso ya es decir.

Y con vuestro permiso… o sin él, qué coño… seguiré con el digestivo a base de ginebra y tónica que me recetó el médico. O no. Pero que da igual.

 

 

 

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Sí Que Importaba

Me gustaría ponerme a escribir algo sesudo, hábil y certero sobre la noticia del cierre del blog Nada Importa, de don Jesús Terrés, pero no quisiera abandonarme a mi lado más groupie–que lo tengo y mucho–, así que y creo que le dejaré la tarea a cualquier otro de sus fans huérfanos con ganas de seguir y reproducir los pasos de este referente de la escritura hedonista con cabeza. Porque lo es. Un tipo que supo pasar de unos inicios llenos de una chulería que rozaba lo faltón a la par que elegante a conseguir transmitir consejos sobre la vida que no han sido tanto consejos como sentido común para el buen hacer, para no perder el tiempo con tonterías y para ser una persona elegante y de bien.

Jesus

Nos deja un montón de reglas, dudas resueltas –y a veces aún más abiertas– en su consultorio y un montón de savoir faire. Pero ahí quedan, y eso ya es mucho. Sé que le seguiré leyendo en otros lugares, pero esta pequeña despedida me hace aún más consciente del paso del tiempo, ese vértigo que cada vez es más intenso, así como de la importancia de saber cerrar las cosas cuando toca. Cosa que no he sabido hacer, ni creo que sepa, con este blog.

Jesús, no dudes que brindaré por ese final, que ciertas despedidas hay que regarlas como Dios manda. Gracias por el viaje.

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