Desenfocado, el weblog

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You’ve Come a Long Way, Baby

Levantarte una mañana de sábado y recordar que tu fotolog cumple 12 años es motivo suficiente para entrar en tu blog, quitarle un poco las telarañas y escribir un breve texto para celebrar esa onomástica. O eso creo.

Como en otras ocasiones, me habría gustado preparar algo especial para celebrarlo, pero me temo que no habrá ni autorretratos cachondos ni fondos de escritorio cutrones ni nada por el estilo. Me temo que os tendréis que conformar con que os anime la fiesta don DJ Pato. Ya sabéis, después de dejaros limpio el WC, se saca un sobresueldo pinchando temitas ricos en pachangas varias.

DJPato_G

DJ Pato, petándolo fuerte.

Pues nada que si queréis ver como he llegado de esto a esto, podéis echarle un vistazo a los archivos. Y si brindáis a la salud de Desenfocado, pues tanto mejor.

Yo seguiré intentando hacer fotos y dando la brasa, al menos un tiempo más.

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Todos a la Calle

Una música tranquila que va en un lento crescendo. Unas imágenes urbanas llenas de grano. La voz en off de Joel Meyerowitz hablando sobre la esencia de la fotografía callejera. Imágenes de fotógrafos en acción intercaladas con algunos de sus trabajos más conocidos. “Intentar encontrar momentos de claridad en el caos urbano…”

EverybodyStreet

Así empieza Everybody Street, el documental de Cheryl Dunn que trata, obviamente, sobre la fotografía callejera y sus protagonistas más reconocidos de las últimas décadas. En su casi hora y media de metraje pasa por delante de su cámara una serie de fotógrafos que vendrían a ser el Dream Team del estritBruce Davidson, Elliott Erwitt, Jill Freedman, Bruce Gilden, Joel Meyerowitz, Rebecca Lepkoff, Mary Ellen Mark, Jeff Mermelstein, Clayton Patterson, Ricky Powell, Jamel Shabazz, Martha Cooper, y Boogie.

Uno tras otro van explicando qué representa para ellos la fotografía, sus motivaciones y sus intenciones, todo ello con un ritmo sincopado, intercalado constantemente por imágenes y más imágenes. Anécdotas, filosofía, estilo de vida y de trabajo… todo ello tiene cabida en este documental. Y sí, es sobre fotografía callejera, pero también es un canto a Nueva York a lo largo del tiempo. Por algo es La Ciudad™.

Estamos ante ese tipo de documental bien realizado, con un ritmo ágil (a veces demasiado) y que adorarán los convencidos y devotos de este tipo de fotografía, que probablemente procedan a agarrar sus cámaras y salgan a emular a sus ídolos en cuanto terminen de aparecer los créditos, como los chavales que salen a dar toques de balón después de ver a Messi marcar su enésimo hat-trick (y con la misma esperanza de llegar a ser como él algún día).

Pero considero que también tiene algunos puntos negativos, como cierta nostalgia mal entendida. Para algunos de los fotógrafos que aparecen en el documental, la única vía posible para capturar el ritmo callejero es disparar con película, abominando de lo digital, como si el combo Leica+kodakhrome fuera una dupla indisoluble y sagrada. La pataleta abuelocebolletil de “en mis tiempos…” que nunca cesa…  Suerte que en un momento surge Jill Freedman para poner algo de sentido común y decir que lo importante es la foto, no con qué cámara la hayas hecho. Bravo, Jill. También comentaría como punto negativo la aparición de Bruce Gilden, pero la alergia que le tengo es un tema personal y es posible que no sea compartido por quien lea estas líneas.

Si os interesa, aquí podéis ver el trailer, que os dará una idea mucho más clara de todo lo que un servidor os haya podido contar.

Hala, a estritear.

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Felices y Galácticas Navidades

Hoy, cuando nos encontramos a las puertas de una nueva edición de topicazos, buenos deseos y Maratones Tragaldabas Navideñas™, la Sra. Desenfocado y vuestro humilde servidor procedemos a desvelar nuestra felicitación de este año, de clara inspiración starwarsiana y de ejecución casera llena de cariño. Y es que, en estos tiempos convulsos en los que el Imperio Galáctico parece que va ganando, necesitamos más que nunca una dosis de buen rollo navideño. Buen rollo que aportó el gran Xavi, con su gracejo y su buen hacer, a la hora de ayudarnos con los retoques y suministrarnos unas armas bien coloridas y elegantes, dignas de tiempos más civilizados…

Pero vayamos al grano. Sin más dilación, aquí la tenéis:

Chúpate esa, Lucas...

Chúpate esa, Lucas…

Y así, pertrechados como jedis caseros pero bien sonrientes, os queremos desear unas muy Felices Fiestas, llenas de reencuentros, buen papeo y muchas risas. Y si sois alérgicos a estas festividades, pues que al menos os sean leves y que no haya mucho cuñadismo hardcore en vuestras mesas.

Lo dicho, sed buenos, no os empachéis demasiado y nos vemos a la vuelta.

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En Busca de la Fotoniñera

Qué bonitas son esas historias de grandes artistas que han pasado desapercibidos por el gran público (o por el público, a secas) y que, gracias a una retrospectiva o un documental salen a la luz, nos permiten disfrutar de su obra y de su talento, y hacen que el público los encumbre aunque sea a título póstumo, ¿verdad? Y más si están bien rodadas y acompañadas por una musiquita buenrollera y esas cosas.

Pues un poco en esa línea está el documental Finding Vivian Maier, aunque este no cae en las medias verdades (o pequeñas manipulaciones) y las entronizaciones desmesuradas que se proponen en otras obras del mismo estilo, como Searching for Sugar Man, por poner un ejemplo.

Esta cinta es obra de John Maloof, que fue quien consiguió hacerse con más de 100.000 fotos, negativos y efectos personales de Maier en una subasta de trasteros en Chicago. Cuando descubrió lo que tenía entre manos, Maloof se propuso dar a conocer esas fotografías tan interesantes con las que se había topado, montando varias exposiciones y filmando este documental.

A lo largo de los 80 minutos de metraje, iremos viendo desfilar a una serie de testimonios que van desde los niños a los que Maier hizo de niñera –sí, era niñera y jamás se dedicó profesionalmente a la fotografía– hasta galeristas de renombre, pasando por fotógrafos de reconocido prestigio como Joel Meyerowitz o Mary Ellen Mark. Es interesante que Maloof se limite a exponer las impresiones y opiniones de los entrevistados tal cuál, pues se contraponen e incluso se contradicen unas a otras y van de la alabanza más desfasada a la puyita más sangrante, lo que ayuda a dar una imagen más clara y completa de la figura de Maier, con todas sus aristas, luces y sombras, dejando que seamos nosotros quienes decidamos qué opinamos sobre ella.

Autorretrato concentrado.

Autorretrato concentrado.

Lo único negativo es que, a medida que se va construyendo el retrato de Maier, va creciendo la sensación de desasosiego que me ha acompañado en el visionado de otros documentales sobre grandes fotógrafos (ya lo comenté aquí o aquí). Y es que no me quito de encima la idea de que, para desatacar en una disciplina y ser considerado un genio, hay que estar un poco tarado y tener unas altas dosis de raruronería extrema. Maier era una persona extraña, huraña, llena de manías que rozaban el síndrome de Diógenes, que prefirió ocultar todo el material fotografiado antes que hacerlo público, y que además terminó viviendo sola y sin apenas amistades. Pero, al mismo tiempo –y eso es lo que aporta luz a su historia–, también sabía ser amable y cálida con sus niños, y tenía un ojo potentísimo con el que sabía captar la cotidianidad de una forma que exudaba clasicismo, una técnica depuradísima y una ternura y un humor muy marcados a la hora de captar a sus sujetos. Una mujer con claroscuros y ciertos problemas de trato que supo captar, cual espía de la guerra fría, el pulso de todos aquellos sitios en los que vivió.

En definitiva, estamos ante un documental bien rodado, con ritmo, que sabe explicar perfectamente y de forma amena la historia de Vivian Maier, y que hará que hordas de fotógrafos emocionadísimos se echen a la calle a intentar emular a esa suerte de Mary Poppins petrechada con una cámara.

Y si aún no conocéis la obra de Maier, ya estáis tardando en hacer clic aquí y empaparos con su mirada.

 

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Amores Renovados

Ya lo dije en este tuit: a veces hay que dejar atrás algo para empezar con algo nuevo. Para recuperar sensaciones y volver a ponerte las pilas. Y, cayendo en el tópico hasta la náusea, a veces la solución está en encontrarse algo novedoso y joven para recuperar el vigor y sentirte con ganas de comerte el mundo. Pero ojo, todo esto, fotográficamente hablando, claro. En otros ámbitos, voy más que servido con la Sra. Desenfocado. Que quede claro, señoría…

Y es que, tras más de 10 años siendo fiel a Canon, ha aparecido en el camino algo muy sexy, elegante y esbelto que me ha hecho cambiar de bando: Fuji y sus cámaras de la Serie X.  Ay, esa X… Esa letra que tantas bajas pasiones provoca… Pasiones que pude comprobar de primera mano gracias al programa Touch & Try de Fuji, y a la amable y profesional gente de Casanova Foto. (Gracias, Encarna.)

Fue tener esa X-T1 en mis manos durante todo un fin de semana y terminar rendido ante ella. Pesaba poquísimo, tenía un diseño retroelegante, un visor electrónico enorme y sin lag de ningún tipo y no tenía nada que envidiar en cuanto a calidad a mi 7D, superándola de largo en el tema de la ISO. En ese momento, el gusanillo ya me había picado y, como mi espalda ya me estaba pidiendo que dejara de martirizarla con el peso del equipo fotográfico, sólo era cuestión de tiempo que me agenciara esa nueva cámara que tan buenísimas sensaciones me había producido.

Así que, tras una rápida, breve y resuelta meditación, decidí deshacerme de mi viejo equipo y agenciarme el nuevo –sí, amigos, a veces soy así de creisi–. Eso sí: pese a que estoy encantado con la compra, soy de aquellos que cuidan sus cosas y les cogen cariño (soy poco zen, lo sé), así que aún estoy echando de menos a esa fiel 7D con la que he compartido tan grandes momentos. Vaya desde aquí una salva de fusilería como muestra respeto y agradecimiento.

Momento “Bond” con la 7D.

Pero no es momento para lagrimillas, sino para celebrar que la X-T1 me ha devuelto el gusanillo por la foto espontánea,  además de las ganas de salir a fotografiar y a volver a mirar cosas a las que ya casi no prestaba atención. Y eso es bueno, al menos para mí. De ahí a que salga algún fotón, sólo hay un paso. Permaneced atentos, que ya irán cayendo las primeras fotos..

Y a los que esperaban un post más técnico, con muestras y eso, sólo puedo decirles que lo importante es que la cámara es impresionante en cuanto a calidad y rendimiento para el tamaño que tiene. Que mirar por su visor es impresionante. Que el poderla controlar via wifi es una chorradilla que puede resultar útil para cosas concretas. Que, viendo la línea de objetivos que ya tiene Fuji y los que tienen en preparación, creo que no voy a echar de menos tener una réflex en mis manos. Y que, sobre todo, transmite ese factor pasional y sexy de un oscuro objeto de deseo, bonito y bien hecho.

Si tenéis la oportunidad de aprovechar el programa Touch & Try, hacedlo. Seguro que eso os terminará de convencer. U os meterá el gusanillo del cambio en el cuerpo, así que tened cuidado. A mí me pasó.

 

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