Desenfocado, el weblog

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Lucky Seven

Lo que tiene el disfrutar es que el tiempo pasa volando. No te das ni cuenta y ya han pasado siete años desde aquella noche. Y desde aquella mañana. Y desde aquellos desayunos con besos y cerezas. Y desde este post.

Y sé que corro el riesgo de volver a sonar ñoño y divinitero, pero me importa poco, porque sé que estoy compartiendo mi vida con una de las personas más fabulosas, cariñosas, detallistas y fuertes que conozco. Porque Anna, la Sra. Desenfocado es alguien a quien querer y admirar a partes iguales.

Y es que, ¿quién podría resistirse a una sonrisa como esta?

SraDesenfocado

Así que esta noche brindaré por estos siete años de sonrisas (muchas), lágrimas (pocas) y mucho equipo, y por algo tan trillado como lo de “lo mejor está por llegar”. Porque seguro que así será.

Va per tu, amore.

Y ahora, circulad, que no hay nada que ver.

 

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Puto Bruce Davidson

Y lo digo desde el cariño.

Pero no es normal llegar a una expo sabiendo que vas a ver una recopilación de obras de uno de los fotógrafos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y no encontrar ni una grieta, ni una cosa descolocada. Ni una foto de más. Ni una “por poner”. Ni un “por rellenar”. Todas las fotos que están esta expo/restrospectiva tienen su motivo de ser. Todas son un win. Un “mira, dediqué meses a estar con esta gente y me mimiticé tanto que saqué estas fotos que tú no podrías haber sacado ni pagándoles pasta. Ni sacando tu megacamarón y tu equipo de CanoNikonista de pro”. Dios… veo los lloros de stritfotograferos al ver la Obra de un tipo que ni siquiera creía en instantes decisivos ni hostias sino en mostrar mundos desconocidos que se desvelan cuando te preocupas de la gente e indagas, y te olvidas de que eres fotógrafo y solo quieres plasmar lo que estás viviendo, y no intentas reproducir falsos momentos decisivos y aburrimiento vital callejero. Que no, que no es calle sino ABURRIMIENTO.

Y estás una hora viendo de lo que ha sido y es capaz este tipo, que no es fotógrafo sino curioso patológico, alguien con el don de un ojo láser y una forma de componer entre quirúrgica y cinematográfica (como si muchas veces no fueran lo mismo), donde cada puta foto–y me vais a disculpar el barriobajerismo, pero es que…– tiene una historia, evidente o soterrada, pero que está ahí, esperando que tu la rellenes o que te quedes pensando qué está pasando. Y lograr esto no es fácil. No está al alcance de cualquiera.

Te quedas mirando y ves que no están hechas por hacer. No hay un mero intento visual o gráfico, no hay un querer mostrar algo bien hecho, ni tampoco hay un sucismo que quiera demostrar un “yo estuve allí, y da igual cómo lo registrara”. Cada foto cuenta algo. Y cuando se ven en conjunto, el resultado es sencillamente abrumador. Empequeñecedor. De “me saco la chorra. No te sientas demasiado mal, peeeero…”.

Y por eso mi primer instinto fue agarrar la cámara, salir a fotografiar cualquier tema durante meses, profundizar en cualquier tema hasta sacarle su jugo primordial, hasta que tras la primera cerveza del aperitivo recordé que tengo un trabajo tirando a oficinista y que la cobardía, la edad y mil excusas hacen que mi fotografía se quede en una especie de archivismo de detalles tirando a mínimos que ni siquiera tendrán gracia para unos supuestos descendientes, que, con su desidia, comenten lo peculiar que era el “abuelo” Guillermo y sus bobadas.

Y sí, esto es producto de una sobremesa [eufemismo alert] ligeramente cargada de alcohol, esa falsa clarividencia que hace que te sientes delante del teclado y que solo hace que te pongas en ridículo intentando defender algo que en tu cabeza tiene todo el sentido del mundo y que, una vez releído todo esto, no deja de ser entre un texto groupie y una pataleta antiborreguismo que queda (espero) entre tierna y obviable.

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Resumiendo. Si tenéis tiempo y ganas, acercaos a la Fundación Mapfre en Barcelona, que es un entorno tan decadentemente burguesbarcelonés que es delicioso, y disfrutad de una retrospectiva de uno de los mejores fotógrafos que ha dejado el siglo XX. Y eso ya es decir.

Y con vuestro permiso… o sin él, qué coño… seguiré con el digestivo a base de ginebra y tónica que me recetó el médico. O no. Pero que da igual.

 

 

 

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Sí Que Importaba

Me gustaría ponerme a escribir algo sesudo, hábil y certero sobre la noticia del cierre del blog Nada Importa, de don Jesús Terrés, pero no quisiera abandonarme a mi lado más groupie–que lo tengo y mucho–, así que y creo que le dejaré la tarea a cualquier otro de sus fans huérfanos con ganas de seguir y reproducir los pasos de este referente de la escritura hedonista con cabeza. Porque lo es. Un tipo que supo pasar de unos inicios llenos de una chulería que rozaba lo faltón a la par que elegante a conseguir transmitir consejos sobre la vida que no han sido tanto consejos como sentido común para el buen hacer, para no perder el tiempo con tonterías y para ser una persona elegante y de bien.

Jesus

Nos deja un montón de reglas, dudas resueltas –y a veces aún más abiertas– en su consultorio y un montón de savoir faire. Pero ahí quedan, y eso ya es mucho. Sé que le seguiré leyendo en otros lugares, pero esta pequeña despedida me hace aún más consciente del paso del tiempo, ese vértigo que cada vez es más intenso, así como de la importancia de saber cerrar las cosas cuando toca. Cosa que no he sabido hacer, ni creo que sepa, con este blog.

Jesús, no dudes que brindaré por ese final, que ciertas despedidas hay que regarlas como Dios manda. Gracias por el viaje.

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You’ve Come a Long Way, Baby

Levantarte una mañana de sábado y recordar que tu fotolog cumple 12 años es motivo suficiente para entrar en tu blog, quitarle un poco las telarañas y escribir un breve texto para celebrar esa onomástica. O eso creo.

Como en otras ocasiones, me habría gustado preparar algo especial para celebrarlo, pero me temo que no habrá ni autorretratos cachondos ni fondos de escritorio cutrones ni nada por el estilo. Me temo que os tendréis que conformar con que os anime la fiesta don DJ Pato. Ya sabéis, después de dejaros limpio el WC, se saca un sobresueldo pinchando temitas ricos en pachangas varias.

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DJ Pato, petándolo fuerte.

Pues nada que si queréis ver como he llegado de esto a esto, podéis echarle un vistazo a los archivos. Y si brindáis a la salud de Desenfocado, pues tanto mejor.

Yo seguiré intentando hacer fotos y dando la brasa, al menos un tiempo más.

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Todos a la Calle

Una música tranquila que va en un lento crescendo. Unas imágenes urbanas llenas de grano. La voz en off de Joel Meyerowitz hablando sobre la esencia de la fotografía callejera. Imágenes de fotógrafos en acción intercaladas con algunos de sus trabajos más conocidos. “Intentar encontrar momentos de claridad en el caos urbano…”

EverybodyStreet

Así empieza Everybody Street, el documental de Cheryl Dunn que trata, obviamente, sobre la fotografía callejera y sus protagonistas más reconocidos de las últimas décadas. En su casi hora y media de metraje pasa por delante de su cámara una serie de fotógrafos que vendrían a ser el Dream Team del estritBruce Davidson, Elliott Erwitt, Jill Freedman, Bruce Gilden, Joel Meyerowitz, Rebecca Lepkoff, Mary Ellen Mark, Jeff Mermelstein, Clayton Patterson, Ricky Powell, Jamel Shabazz, Martha Cooper, y Boogie.

Uno tras otro van explicando qué representa para ellos la fotografía, sus motivaciones y sus intenciones, todo ello con un ritmo sincopado, intercalado constantemente por imágenes y más imágenes. Anécdotas, filosofía, estilo de vida y de trabajo… todo ello tiene cabida en este documental. Y sí, es sobre fotografía callejera, pero también es un canto a Nueva York a lo largo del tiempo. Por algo es La Ciudad™.

Estamos ante ese tipo de documental bien realizado, con un ritmo ágil (a veces demasiado) y que adorarán los convencidos y devotos de este tipo de fotografía, que probablemente procedan a agarrar sus cámaras y salgan a emular a sus ídolos en cuanto terminen de aparecer los créditos, como los chavales que salen a dar toques de balón después de ver a Messi marcar su enésimo hat-trick (y con la misma esperanza de llegar a ser como él algún día).

Pero considero que también tiene algunos puntos negativos, como cierta nostalgia mal entendida. Para algunos de los fotógrafos que aparecen en el documental, la única vía posible para capturar el ritmo callejero es disparar con película, abominando de lo digital, como si el combo Leica+kodakhrome fuera una dupla indisoluble y sagrada. La pataleta abuelocebolletil de “en mis tiempos…” que nunca cesa…  Suerte que en un momento surge Jill Freedman para poner algo de sentido común y decir que lo importante es la foto, no con qué cámara la hayas hecho. Bravo, Jill. También comentaría como punto negativo la aparición de Bruce Gilden, pero la alergia que le tengo es un tema personal y es posible que no sea compartido por quien lea estas líneas.

Si os interesa, aquí podéis ver el trailer, que os dará una idea mucho más clara de todo lo que un servidor os haya podido contar.

Hala, a estritear.

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