Desenfocado, el weblog

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Pasado por Agua

O más bien, rodeado de agua. Así fue mi cumpleaños: precedido por un domingo de aguaceros, y seguido por otra tarde de tormentón como la de hoy. Pero no os preocupéis, que no son mis lagrimones por cumplir años. Aún queda lejos la barrera de los 40 y sigo sin deprimirme ni ser tan poético. O eso creo.

Agua y más agua…

Eso sí, ni siquiera la lluvia pudo evitar que mi adorada y bella Sra. Desenfocado me sorprendiera con unos planes geniales, que incluyeron un brunch, una merienda/cena en el 7 Portes y una sesión de cine, entre otras cosas.

Unos pequeños lujos que da gusto disfrutar en buena compañía. O, más bien, es esa compañía la que es un lujo, está claro. Ya llegará el momento de volver a celebrarlo con copazos y amigos.

Y también llegará el momento de hablar de películas, series y libros. Pero hoy no. Hoy manda la lluvia y la pereza, el sofá y la lectura. O la playstation y el fútbol, por qué no.

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Cosas de Famiglia

Lo bueno de encarar una obra sin saber apenas nada de ella es que no vas ni con prejuicios ni con expectativas, ni altas ni bajas, con lo que el disfrute puede crecer exponencialmente, la decepción será inexistente y la recompensa, enorme (aunque siempre haya excepciones a esa regla).

Con esos ánimos me puse a leer Come prima, una novela gráfica de Alfred editada por Salamandra Graphic.

Dos hombres y un 600.

Dos hombres y un 600.

Es un cómic a lo road movie, tranquilo y reposado, aunque con algunos momentos de «acción». Una historia de reencuentros, de pasado turbulento, de heridas familiares, de aceptación y de maduración forzosa. De encarar los fantasmas del pasado para tener alguna clase de futuro. Y todo eso está hecho con un tempo lento y pausado, sin prisas por llegar a su conclusión.

El dibujo de Alfred es realmente agradable, y su forma de narrar confiere cierta paz y sosiego a todo el conjunto. Capítulo aparte lo merecen los flashbacks que salpican la obra, cuyo estilo de dibujo empieza con manchas de color casi informes e imágenes inconexas que, a medida que avanza la trama y vamos conociendo un poco más lo que hay detrás, se irán definiendo progresivamente y aportando cada vez más información, sin perder esa cualidad tritonal y onírica.

Lo de que ganara el premio a la mejor obra en el festival de Angoulême de este mismo año no sé si os dará más ganas de leerlo o se simplemente os la traerá floja, pero ahí queda ese detalle.

En resumen, estamos ante un cómic agradecido de leer y que posiblemente no os cambie la vida, pero a mí me alegró, me entretuvo y hasta me emocionó ligeramente en una aburrida tarde de finales de verano.

Si queréis más información sobre el cómic, pinchad aquí.

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Francis Goes to Washington

¿Qué tendrán los personajes malvados que tanto nos atraen? ¿Por qué encontramos tan interesante alguien que se comporta de una manera que no toleraríamos o que despreciaríamos en la vida real? Pues no lo tengo nada claro, pero reconozco que viendo House of Cards he vuelto a sentir esa fascinación sopranera, rozando el síndrome de Estocolmo, por Frank Underwood, el personaje encarnado de forma brillante Kevin Spacey.

Francis, el elegante

Frank Underwood, un cabrón elegante.

Para aquellos que, como yo, hayáis tardado en poneros a ver esta joyita televisiva, la cosa está centrada en Underwood, que es un congresista y –atentos al titulito de marras– jefe de disciplina de la mayoría en el Congreso. Y, sin entrar demasiado en el terreno de los spoilers, podemos decir que la serie empieza cuando Underwood está convencido de que le van a ofrecer el puesto de Secretario de Estado y, al quedarse con la miel en los labios, decide vengarse planeando el ascenso hasta una posición de poder auténtico. Y lo hará ayudado por su esposa Claire, una mujer bella y carente de escrúpulos interpretada fabulosamente bien por Robin Wright.

Lo que veremos a lo largo de los 26 capítulos que conforman las dos temporadas emitidas hasta el momento es al mismo tiempo un ascenso en la escala política y un descenso –a toda velocidad– a los infiernos morales de un Frank Underwood que tiene la curiosa costumbre de romper la cuarta pared y dirigirse a los telespectadores para comentar la jugada, por así decirlo, haciéndonos partícipes de sus mecanismos mentales, que son retorcidos, despiadados y utilitarios.

Y ver a Spacey pisotear sin escrúpulos a la gente, usándola para sus propios fines, y mentir de forma tan elegante y descarada hace que sea inevitable pensar que su personaje es puro Lex Luthor, a un nivel mucho más elegante y conseguido que el truño infomable y payasesco que tuvo en el bodrio llamado Superman Returns. Y encima lo hace acompañado de una esposa con la que forma un tándem completamente conjuntado, maquiavélico y (casi) invencible.

Si queréis ver los entresijos de la política americana y terminar odiando (no amando, quién sabe) a Frank Underwood y señora con todas vuestras fuerzas, echadle un vistazo a la serie. Creo que vale mucho la pena y que me lo agradeceréis.

Y ahora, a esperar la tercera temporada…

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Dos, Two, Deux, Due, Zwei

Está bien ir rompiendo el silencio bloguero de vez en cuando. Mi intención era hacerlo para comentar cuánto estoy disfrutando de House of Cards y de la brillantísima hijoputez de Frank Underwood (espléndidamente encarnado por Kevin Spacey), pero creo que lo dejaré para cuando termine de ver la segunda temporada, cosa que haré en breve. Y porque hoy es mejor dedicar este post a celebrar el segundo aniversario de boda de aquí vuestro servidor y la Sra. Desenfocado.

Ya lo dije aquí: el tiempo pasa volando. Pero si ahí habían pasado dos semanas, ahora ya son 104 las que nos separan de aquel momento que parece que hubiera tenido lugar ayer. Y es que me reafirmo en lo de que el tiempo pasa volando, y más cuando lo pasas junto a una persona tan estupenda, única, divertida y admirable como Anna.

Echando el lazo

Echando el lazo …

Y aunque por el documento gráfico –obra del talentoso Lluis Gerard– parezca que fue ella la que me echó el lazo, la verdad es que soy yo quien tiene la suerte de poder compartir la vida con ella, y no tengo la menor intención de escapar. (Lo de hacer el payaso me temo que seguirá siendo marca de la casa.)

Está claro que no puedo evitar almibararme cuando hablo de mi bella esposa. Es superior a mí. En fin, tendré que chutarme en vena un par de capítulos más de la serie de Spacey, a ver si su mala baba me compensa un poco…

Pero todo eso será después de la celebración que se merece esta ocasión. Sed buenos y, si os apetece, brindad por nosotros.

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Nueva Década

11 años.

Si mi fotolog fuera un crío, estaría haciendo la comunión. O cualquier versión chorra civil para que el crío tenga sus regalos y eso.

11 años al pie del cañón, con fluctuaciones de calidad, estilo, ganas y ritmo de publicación.

11 años cumplidos un día 11. Si ya hubiera sido en noviembre, tenías jugada casi redonda.

11 años y 11 posts tan similares que me da casi rabia releerlos y tener que plantarme aquí para escribir otro. Pero sólo «casi».

Me habría gustado preparar algo especial, pero lo del año pasado –esto concretamente– dejó el listón demasiado alto, y tampoco eran plan repetirse. Así que me limitaré a celebrarlo en petit comité con la siempre fabulosa y estupenda Sra. Desenfocado.

Hala, a por 11 años más.

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