Ayer fue un día intenso.
Terminó en el Piano Bar (al fin), con un gin tonic (o dos), un vídeo sexy tortuguil y muchas, muchísimas risas. Y todo junto al enorme Craig Thompson, uno de mis dibujantes favoritos y un tío estupendo.
Pero habría muchas más cosas que contar. En el stand, el mismo buen rollo y entrega de los últimos días. Todos a tope para que la gente, tanto público como autores, quedara contenta y satisfecha. Mucha charla, mucho reencuentro y mucha intensidad.
Igual de intenso que ver el Barça-Espanyol y la posterior despedida de Guardiola (emocionante) mientras cenábamos con Greg Rucka, que resulta que es futbolero y muy fan del Barça y de Messi. (Según él, Messi es el único jugador que es más bueno en la realidad que en la Playstation).
El único detalle feo fue que algún hijo de puta se llevó el iPad de mi buen colega Alberto en su stand de Koomic. Anoche echamos en falta un botón de autodestrucción o castración remota, porque hay gente que es lo único que se merece en esta vida. En fin…
Hoy ya encaramos el último día y, como siempre, volverán las sensaciones agridulces. Esa extraña mezcla de “me quiero ir ya a mi casa” con “tíos, os voy a echar de menos” tan típica de todos los años. Y me encanta.
Mañana más.



