The End

Lunes, 6 junio , 2011 § 0 comments § permalink

No, no chapo esto, tranquilos.

Es simplemente el título de la obra que vimos ayer por la tarde y que marcaba la despedida de Àlex Rigola al mando del Teatre Lliure tras ocho años. Bueno, también podría referirse a cómo terminó un grandioso fin de semana lleno de actividades con colegas, buenas comidas y mejores caldos (aunque quizás el sábado por la tarde/noche se nos fuera un poco la mano…), pero lo dejaremos en la obra.

Este narco-mex-spaghetti-western teatral (tal y como lo definió el propio Rigola) no dejó de ser un divertimento, un autohomenaje a sí mismo y a sus actores fetiche (destacando Joan Carreras casi por encima de los demás), que terminó con pullas para sí mismo (impagables sus clones paródicos) y para los políticos encargados de la cultura. Tuvo buenos momentos que llegaron a rozar lo delirante y que me hicieron reír bastante. Al menos aquí la broma iba a cara descubierta, no como en otras obras, y eso ya es digno de mención.

Y, como decía, la obra sirvió para casi cerrar un fin de semana glorioso, que tuvo como punto álgido un aperitivo en la Bodega Bonavista que mutó en comida tardía en el Kibuka que dió paso a unas cervezas/copas/picoteo en el patio de casa, y que se cerró con una buena hamburguesa Asturiana del Kiosko Burger. Aviso para navegantes: pese a que las hamburguesas son deliciosas, este local puede llegar a morir de éxito. La cola de guiris salía del local, y logramos sitio de pura chiripa. Quizás solo fuera cosa del día, pero antes de las nueve casi no se podía ni entrar a pedir…

Total, que a veces finales de fin de semana como ese (valga la redundancia) hacen que reúnas las energías necesarias para empezar la semana con una sonrisa. Aunque sea a medias.

Asimilando

Lunes, 16 mayo , 2011 § 1 comment § permalink

Eso es lo que llevo haciendo desde anoche.

La tarde ya no pintaba demasiado bien, e hicimos todo el camino hasta el Teatre Lliure bajo la lluvia. Al menos fue suave y no llegamos excesivamente empapados, pero quizás lo tendríamos que haber visto como un presagio de lo que nos esperaba.

Anna me regaló entradas para la obra Muerte y reencarnación en un cowboy, de Rodrigo García, y que se enmarcaba en el ciclo Radicals Lliure. Eso también tendría que habernos dado una pista muy clara sobre la clase de mentalidad que debíamos tener para afrontar este espectáculo.
El detalle de estar perdiéndome el concierto de Havalina en Sidecar tampoco ayudaba demasiado, pero tenía la esperanza que el sello de García (hijo de Gabriel García Márquez y creador, entre otras cosas, de la serie In Treatment) sería señal de calidad y que veríamos algo interesante.

Gran error.

El espectáculo está más cercano al happening y a la espantajería que al teatro más tradicional: Dos actores, en lo que parecen las bambalinas de un teatro o un escenario a medio montar, se colocan unas máscaras al más puro estilo S/M y con cascabeles y empiezan a despelotarse mientras se tiran por el suelo golpeando unas guitarras eléctricas conectadas a unas pedaleras de distorsión, pelean, realizan movimientos espasmódicos, salta, gritan… en un inicio que parece más bien el final de un concierto de los Dwarves, con un sonido atronador y que te pone a prueba como espectador.

Proyecciones en una pantalla, pollitos correteando por una sala, un bailoteo country con una geisha, humo, un toro mecánico, cuernos vikingos con claras reminiscencias fálicas y situaciones homoeróticas…

Y todo eso para dar paso a un diálogo final con momentos que me gustaron pero que destilaban una pedantería cercana a la arcada.

Salimos del teatro sin saber muy bien qué habíamos visto ni cómo analizarlo. Supongo que no estamos hechos para el teatro de vanguardia. La otra opción sería considerar que lo que vimos fue una soberana mierda, que también sería una opción…

Supongo que en algún momento se nos tenía que acabar la buena racha de obras teatrales, pero ha terminado a lo grande, con un final digno de la debacle championera de Atenas.

Veremos si The End sale mejor…

Pura Emoción

Domingo, 12 diciembre , 2010 § 2 comments § permalink

Hay cosas que sólo se pueden entender si te apasionan.
Una de ellas es dedicarle cuatro horas a una obra de teatro. La otra, el luchar contra la pereza y el frío y acudir a un partido de fútbol un domingo a las 9 de la noche.

En el primer caso se dió el miércoles pasado en el TNC, y la cosa mereció la pena. Mucho. Se trataba de Agost, la obra escrita por Tracy Letts, dirigida por Sergi Belbel e interpretada, entre otros, por Anna Lizaran y Emma Vilarasau. Con una duración de 4 horazas como cuatro soles de tragicomedia al límite, la obra tiene una gran abundancia de picos de tensión mezclados con momentos delirantes y esperpénticos junto a destellos de una sensibilidad extrema. Altamente recomendable, aunque no para espíritus sensibles en exceso.

El segundo caso se ha dado hace unos minutos en el Camp Nou, en un Barça-Real Sociedad que ha terminado con otro 5-0. Lo destacable ya no ha sido ni la tremenda superioridad ni el gran juego del Barça (cosa a la que nunca deberíamos acostumbrarnos del todo) sino a un detalle que a mí me ha parecido emocionante. En la fila de atrás teníamos a un niño vasco de unos 7 años con su padre. Ambos eran del Barça, pero el padre iba con la bufanda de la Real por una promesa que le hizo a su difunto padre (el abuelo del crío). Verlos a los dos disfrutando tanto de la goleada, haciendo fotos, comentando el partido y pasándoselo en grande casi me ha hecho saltar una lagrimilla.

En los dos casos, he disfrutado de cosas que a priori parecen antagónicas, pero que a mí emocionan casi de la misma manera.
Y espero que lo sigan haciendo durante mucho tiempo.

Urtain

Lunes, 16 noviembre , 2009 § 4 comments § permalink

Ver a Roberto Álamo saludando al público, sudado, agotado y meditabundo estremece y da una idea de la intensidad de la obra que protagoniza: Urtain, el último proyecto del grupo Animalario.

Álamo da vida a José Manuel Ibar (más conocido como Urtain) un mediocre boxeador de la época tardofranquista que en su momento representó a la España más castiza y retrógada, en una obra explicada en forma de cuenta atrás, partiendo de su triste final en forma de suicidio días antes de las olimpiadas de Barcelona hasta llegar a su nacimiento.

Álamo se deja la piel en un papel tremendo, duro, potente y tierno al mismo tiempo, de un perdedor utilizado y castigado por la vida. En muchas escenas acojona y emociona a partes iguales.

El resto del reparto no se queda atrás, y arropa y potencia el resultado de esta obra que disecciona lúcidamente las miserias de la época franquista: Alberto San Juan, tremendo como siempre; Victor Masan, impresionante en su papel de presentador; María Morales, intensa en su papel de segunda mujer de Urtain; Luis Bermejo, serio y a la vez divertidísimo en sus papeles de médico personal de Franco y de camarero Raphaelista; Marc Martinez, y su raro acento andaluz haciendo de Pedrito Carrasco; o Estefanía de los Santos, que borda su papel de primera mujer del boxeador.

En resumen, Urtain es un montaje muy inspirado, con una clara vocación cinematográfica (esos grandes momentos a cámara lenta), del que es casi imposible salir sin magulladuras o, cómo mínimo, impactado.
Si vivís en Barcelona, no dudéis en agenciaros una entrada para esta misma semana. Os lo agradeceréis.

Hamlet

Miércoles, 22 julio , 2009 § 4 comments § permalink

Honor y traición. Locura y amor. Ambición y amistad. De todo eso fui testigo anoche al acudir a la Biblioteca de Catalunya para asistir a la representación del Hamlet, en la versión de Oriol Broggi y protagonizada por Julio Manrique.

El sitio, impresionante: una sala medieval, con el suelo lleno de arena y gradas rodeando el “escenario”.
Los actores, magníficos. Destaca un Julio Manrique que está sencillamente inmenso. Ya me gustaba su trabajo, pero es que eso de tenerlo a dos palmos interpretando al príncipe más emo y chalado de la literatura es un lujazo que nadie debería perderse. Poniendo la piel de gallina en muchos momentos y provocando grandes risas en otros, Manrique se hace con la escena y lleva el peso de la obra, ayudado (no lo olvidemos) por un elenco de actores realmente espléndidos: el Polonio de Carles Martinez es brillante y exasperante al mismo tiempo. El Rey Claudio de Ramon Vila tiene un porte tan elegante que cuesta odiarle pese a su traición. La reina Gertrudis de Carme Pla transmite perfectamente la pasividad de una mujer constreñida por su papel y traidora a ojos de Hamlet. La Ofelia de Aida de la Cruz es preciosa, dulce y canta con una belleza que emociona. Y Marc Rodriguez y Jordi Rico (en los papeles de Horacio, Laertes, Rosencrantz y Gildenstern) están sencillamente geniales, pasando del drama a la comedia absurda con una facilidad pasmosa.

En resumen, que disfruté de una gran obra, en un lugar precioso y en una compañía inmejorable.
Una noche para recordar. Y ya van…

¿Dónde estoy?

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