Jueves, 27 octubre , 2011 § § permalink
No me gustan los zombis que corren.
Soy de la vieja escuela, lo reconozco. Me atraen (y me acojonan) mucho más los muertos vivientes del tito Romero que los sprinters infectados de 28 días después. Manís que tiene uno. Y ver unos zombis que corren en una serie donde la palabra clave es “walking”, o sea “caminante”, es algo que me escama.
Quizás no sea una razón de peso, pero sí una de las muchas por las que me planteo dejar de darle oportunidades a The Walking Dead en su versión televisiva. La primera temporada me dejó muy decepcionado, con el regusto de una oportunidad perdida, como el hecho de estar delante de una mala adaptación. Intento no ser talibán y no exigir que se siga a rajatabla lo establecido en la obra original, pero me fastidia cuando los cambios no mejoran el producto sino que lo suavizan, lo masifican y le quitan fuerza al resultado final.
Y esa fue la sensación que tuve al terminar los 6 capítulos que conformaban la temporada anterior de la serie. Cuando empecé a ver la segunda temporada, lo hice más por inercia que por otra cosa. O quizás con la poco sana intención de reafirmarme en mi postura de que no me iba a gustar ni a sorprender este segundo round. Y la verdad es que nada de lo que he visto hasta ahora me ha hecho cambiar de opinión. Corrijo: me ha sorprendido ver cómo se puede echar por la borda un grandísimo punto de partida y convertirlo en un producto flojo y sin personalidad.
Han logrado tomar toda la dureza del cómic y la parquedad de palabras de muchos personajes y lo han transformado en un serial en los que todos sueltan discursos cada cinco minutos y donde se recuerda de una forma constante que el mundo se ha ido a la mierda. Y lo peor: ninguna de las dos cosas está hecha sutil o hecha para ser leída entre líneas sino que es zafia, plana y redundante.
Ante la abrumadora cantidad de series buenas que corren por ahí (además de algún revisionado pendiente, como el de The Wire), creo que dejaré correr esta.
Una pena. Me habría encantado ver la mejor ficción sobre zombis en televisión, y no la veo por ninguna parte.
Miércoles, 7 septiembre , 2011 § § permalink
Se me hace raro no haber hablado nunca por aquí de Starman.
Y más cuando se trata de un cómic de superhéroes tan atípico, tan clásico y a la vez tan innovador. Yo, que suelo abominar y evitar los cómics pijameros casi siempre que puedo, soy incapaz de evitar joyitas como estas. Hay que reconocer que James Robinson supo conjugar en los 80 números de esta serie un amor por el cómic superheróico clásico con una visión modernizada, aunque sin caer en tragedias oscuras ni en perversiones.

Starman destila amor por los cuatro costados: amor por la familia, por los amigos, por el valor, por el bien… pero lo hace sin las típicas moralinas yanquis. Su protagonista es inseguro, cínico, amable, rancio… en definitiva, humano. Y eso es lo que hace que esta serie sea tan grande: no habla de superhéroes, habla de la vida. Vale, con rayos cósmicos y cosas así, pero lo importante es lo que les pasa a los personajes. Sus elecciones, sus errores, sus remordimientos y sus deseos.
Por eso, tras leer el último tomo, me cuesta reprimir la lagrimilla en algunos momentos, sabiendo que será la última vez que vea a muchos de esos personajes, y viendo lo bien que se cierran todas las tramas y la intensidad emocional de muchas de ellas.
Chapeau para el Sr. Robinson.
Si no la habéis leído, estáis tardando. Merece tanto la pena que sería un crimen perdérsela.
He dicho.
Martes, 14 junio , 2011 § § permalink
Que conste que no considero que el protagonista del post lo sea, pero…
…Así es como se define Albert Torner en el titular de su blog, Hipócrita de mí. Tengo el placer de conocer a Beto desde hace unos seis años, pues trabajamos juntos, y desde que vi por primera vez su portfolio y sus historias he sido un fan de su trabajo.
Si nos remitimos a la RAE, la hipocresía está definida como el “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. De ser así, Beto sería un gran actor, pues no he conocido a nadie que hable tan abiertamente de sus gustos, de sus amores y desamores, y de su vida personal con tanta pasión, tanta vehemencia y tanta transparencia.
Y encima lo hace con un estilo de dibujo limpio y caricaturesco, pero al mismo tiempo realista y tremendamente expresivo, como un Craig Thompson sin tanta moñería y tontada en el cuerpo pero igual de certero e intimista.
Ya lo dije el otro día por Twitter y lo repito aquí: si os gusta el cómic y la ilustración, entrad en su blog y deleitaros con su trabajo. Y es que cuando los amigos molan y son buenos en lo suyo, hay que promocionarlos, ya sean ilustraciones, fotos o merendolas.
Y a eso me pienso seguir dedicando, a promocionarlos y a seguir disfrutando de su arte.
Porque soy fan además de amigo.
He dicho.
Miércoles, 4 mayo , 2011 § § permalink
O la teoría del eterno retorno.
Vuelvo a entrar aquí, como quién vuelve a una casa que ha estado demasiado tiempo cerrada. Las luces funcionan y todo parece estar en orden. Solo hay una pequeña capa de polvo que delata la falta de cuidado del lugar, pero al menos ningún vándalo ha saqueado mi casa. Tampoco es que se pudieran llevar nada de valor… más allá del sentimental.
Vuelvo con la cantinela de siempre, esa misma que te reservas cuando te encuentras a alguien que te da mucha pereza ver: que si “tendría que venir más”, que si “a ver si quedamos para contarnos la vida” y otro sinfín de tópicos que (casi) nunca se cumplen.
Para aquellos de vosotros que hayáis aguantado la respiración desde mi último post, una cosa: no lo hagáis. Solo falta que a mi mala conciencia por no escribir le añadáis algún cadáver. Y otra, que el Salón del Cómic fue… diferente. Tuvo sus grandes momentos, como cada año, pero tampoco fue como para echar cohetes. Bueno, miento… mi libreta salonera creció y para bien, muy bien.
También comentaría algo sobre el aluvión de Clásicos, pero ha llegado todo hasta la náusea y se ha hablado de tantas cosas menos del juego que ya no me apetece mencionar nada aparte de que nos espera Wembley (y que buscamos entradas).
El resto, bien gracias. Algunas cosas podrían ir mejor. Suerte que otras siguen igual de fuertes y buenas y ayudan a sobrellevar las que no van tan bien.
Apago las luces. Miro que todo esté bien cerrado. Lo miro de lejos y me digo que pronto volveré. Aunque me engañe, prefiero la esperanza.
(¡Toma final moñas!)
Martes, 12 abril , 2011 § § permalink
Ya llega el Salón del Cómic.
Y ahí estaremos Ana, Germán, David y yo para acompañar a los autores extranjeros que acuden a tan magna cita barcelonesa.
Ahora mismo sólo tengo frente a mí la perspectiva de la tarea más titánica que se le puede ofrecer a un hombre después de un partido del Barça con visitas en casa: el levantarse prontísimo para estar a las 7:15 en el aeropuerto.
Seguro que luego vendrán las risas y el buen rollo de cada año, pero ahora mismo solo veo párpados caídos, prisas y búsquedas de caras conocidas en la terminal, subiendo y bajando con el minibus para dejar a los artistas en su hotel.
En fin, que estaré unos días en esa burbuja salonera que tanto termino disfrutando cada año.
Nos leemos a la vuelta. Para cualquier cosa, seguid mi twitter, que ya tontunearé por ahí.