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Heroismo Rubiniano

Hay que tener madera de héroe, ser un iluminado o, simple y llanamente, tener los cojones muy bien puestos para ser un autor de cómic y presentarle a tu editorial la idea de una obra de más de 500 páginas divididas en dos volumenes. Sobre mitología griega. Y en España. El acabose.

Pero esa idea surgió de la mente de David Rubín, uno de los mejores autores de cómic patrios (algo que tendría que ser sabido y aceptado a estas alturas), que decidió que ya iba tocando marcarse una obra maestra personal en forma de oda a la figura del superhéroe comiquero mezclándola con personajes y tramas de la Grecia antigua, y la tituló El héroe. Y funcionó. Vaya si funcionó.

Desde el primer volumen, Rubín ya dejó claras sus intenciones y, a través de un estilo de dibujo muy personal -con un regusto muy rico a Paul Pope y una estructura de viñetas digna del mejor Quitely–  y una técnica narrativa cada vez más depurada y refinada -que a mí me recuerda a la de Mignola en su fabulosa Hellboy-, nos contaba una historia grandilocuente, bien estructurada y muy entretenida.  Eran cosas que ya se podían apreciar en sus obras anteriores (El circo del desaliento La tetería del oso malayo y la complicada y brillante Cuaderno de Tormentas), pero que en ese primer volumen quedaban magnificadas y reforzadas por una visión cada vez más personal e intransferible.

 

David Rubín, meditando una dedicatoria

Y el segundo volumen, que ha salido a la venta hace pocos días -y que he finiquitado con una avidez tremenda tras un año de espera- sirve como segundo tramo y colofón perfecto para esta historia llena de mitos, dioses, monstruos y un héroe que realiza doce tareas titánicas a la vez que un viaje personal de descubrimiento y evolución (aunque no siempre para bien) en un mundo lleno de deliciosos anacronismos y guiños a los grandes autores del cómic que idolatra Rubín.

Todo eso convierte la obra de El héroe en una de las lecturas obligadas tanto para los amantes del cómic como para aquellos que quieran aventurarse en el mundo del arte secuencial.

David se ha marcado un homenaje a muchas cosas, pero principalmente a él mismo y a su tesón, y nosotros no podemos hacer más que aplaudir. Así que, bravo por él y sus cojones.

Se lo merece.

[Pequeña adenda]: En breve lo podréis ver (al fin) en un In Black que accedió a realizar pese a su fobia a esos artilugios que roban el alma y esas cosas tan malas…

4 comentarios

    • Guillermo |

      Yo creo que no te arrepentirás si te lo agencias, en serio. Es una joya. Rubín es un grandísimo artista y un tipo genial.

      Palabra de Desenfocado ;)

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