Por si a alguien le quedaban dudas sobre si los Wachowsky eran unos petardos a los que una vez les sonó la flauta con una sola película (para mí, Matrix consta de 1 sola película), me remito al trailer de su próxima “obra maestra“: Speed Racer.
No veía nada tan cutre y malo desde las secuelas de Spy Kids.
Y que Christina Ricci haya aceptado actuar en semejante bodrio… qué pena, señor…
Eso de no tener ninguna serie que ver me ha dejado cierto vacío existencial. Después de tantas semanas estando atento a las novedades, y habíendome adelantado al final de Dexter, me encuentro sin saber qué ver y delante de la tele.
Pero aún más vacío me deja lo de tener este blog tan abandonado. Nunca encuentro el momento de hablar de las cosas que me importan o que me apetecen comentar aquí.
Brutal. Impresionante. De aplauso en pie y ovación. Solo así puede definirse el final de la segunda temporada de Dexter. El asesino favorito de América lo ha vuelto a hacer. Ha conseguido que el espectador se ponga del lado del “malo” y se preocupe por que no lo pillen y pueda salir impune, creando una confusión filosófica, ideológica y de principios en mí como espectador como no lograba una serie desde Los Soprano.
Si la primera temporada era buena, esta ha sido enorme, oscuro y más profunda. El personaje de Dexter ha crecido y ha ganado matices, incluso emociones… y la espiral en la que se ha visto envuelto el personaje, cada vez más contra las cuerdas, se ve brillantemente resuelta hacia el final, con una tensión impresionante y un ritmo que nunca te deja tranquilo.
No me cansaré de recomendarla. Dexter es una de las mejores series de los últimos años y ya está en el altar de mis series favoritas. Amén.
Definitivamente, y aunque no es ninguna novedad, odio los lunes.
Aunque sea el día que publico en Mandarina.
Aunque pueda ver Dexter.
Aunque venga de un fin de semana entretenido y haya cargado las pilas.
Así que ahora mismo mi mente está ya en la cama, dormitando. Y creo que mi cuerpo tardará poco en seguirla.
Otro fin de semana que acaba y que creo que he aprovechado bastante bien, incluyendo la actualización de ambos macs a Leopard.
El Old School del título viene a cuento porque el sábado me agencié una Diana+, la reedición de una cámara de plástico de los 60, que hace unas fotos realmente peculiares, pese a que para conseguirla sufriéramos toda una odisea para llegar hasta la tienda. Y es que había una manifestación en pleno centro de Barcelona y, casualmente, todos los párkings estaban a reventar.
El motivo de que haya vuelto al analógico se debe a un proyecto conjunto que espero que pronto esté online, porque me hace ilusión. Os mantendré informados desde aquí.
Y ahora, a acabar de disfrutar del fin de semana y a cargar pilas para la semana.